Tengo un sentimiento de tristeza mezclado con satisfacción, algo raro de describir.
Ganas de gritar, de llorar y de reír...
Es verdad que aprecio mucho la libertad de la soltería, pero en los últimos meses alguien me ayudó a definir qué quiero a mi futuro, y lo curioso fue que todo sucedió entrando en un patrón autodestructivo disfrazado con cariño y amor.
Me di cuenta que suelo repetir algunas características cuando tengo alguna relación de pareja que no han sido muchas, y darse cuenta de las propias actitudes destructivas duele, pero ahora que puedo desmenuzarlo un poco espero me ayude a no seguir por el mismo sentido.
Claro que he tenido relaciones superficiales, tan superficiales que ya no recuerdo, pero también he tenido relaciones duraderas que por diversos motivos terminan, en la mayoría se repite el dar todo de mi parte, no esperar nada a cambio y recibir migajas de vuelta.
No hubo falsas promesas, aunque sí falsas expectativas. Salidas a comer, y a no comer. Compartir experiencias de vida no estaba incluido además de las pláticas, aunque para mi tristeza yo sí lo hice partícipe de cosas que considero importantes en mi vida.
En resumidas cuentas, el problema no está en los demás, sino que soy yo quien debe cambiar.
Si quiero ser amada, no se trata solo de dar cualquier cosa por otro, se trata de compartir puntos de vista y tener objetivos similares. Se trata de ser complementos de vida.
No imaginaba que me pudiera enamorar de alguien nuevamente, aunque no me sentía del todo bien, lo confesé y con tristeza y satisfacción obtuve un resultado que bastó para definir y tratar de no repetir todo aquello que no quiero.
Hoy me siento bien, como si comiera un bocado agridulce. No acabo de definir con exactitud qué es ese ingrediente amargo, pero ya no lo quiero, ese sabor ya no me gusta.
Quiero y así lo dije, ser importante para alguien y que ese alguien sea importante para mi; quiero amar a ese alguien desconocido aún y ser correspondida; quiero compartir experiencias de vida y quien sabe si en algún momento algo más.
No sé en qué momento mi corazón, se alivió y no le queda ni un cachito que no funcione, lo siento latir fuerte, más enamorado de la vida que nunca, capaz de seguir dándolo todo pero ahora busca la manera en que sea fructífero. Puedo verme al espejo y regalarle esa sonrisa franca al reflejo.
En medio de la tristeza encuentro alegría y sonrío abiertamente y lloro con mucha fuerza. Triste de la caída pero contenta lamo mis raspones porque ha resultado muy útil.
La felicidad no existiría si no tuviera a mi familia y a mis amigos, quienes me dan esa fuerza, la alegría suficiente para reconocer que soy una mujer que siente, que se equivoca, que no guarda rencor pues no sirve para nada, que goza, que da, que ama.
Sé que es posible que me vuelva a tropezar, pero estoy segura que será de manera distinta.
P.D.
Por lo general uso un "lado B" llamado Inhdra que pocos conocieron para sacar algunos demonios, ya no le veo caso y hoy desaparece por completo quedando este rinconcito para compartir. Sin pena, sin prejuicios, un anecdotario de una niña loca, una mamá que vive aprendiendo y una corredora descalza que busca ayudar.






