miércoles, 2 de noviembre de 2011

100 km Con Ganas de Vivir. Los 58km después del Maratón.

Llegando a la meta del XXIX Maratón Internacional de la Ciudad de México estaba esperándome el equipo de Con Ganas de Vivir, mi familia y amigos queridos. Entre las fotos con ellos, recoger la medalla, escuchar las noticias sobre los otros corredores que participaban en Corriendo por la Vida y ya habían terminado su carrera como José Roberto Torres Siles, que corrió el Medio Maratón en muletas, a Oliver Hernández que corrió 60km haciendo distancia previa al Maratón, a Luis Ballesteros y otros corredores a quienes no tuve la oportunidad de saludar y conocer, pasó más de media hora para reunirnos de nuevo en un extremo de Palacio Nacional para iniciar los 58km restantes.



Ahí conocí a Rosario Maguey, quien planeaba correr sólo 21km y acabó corriendo los 58km. una distancia que de manera increíble recorrió sin cansarse un segundo. 

Por fin, listos para comenzar Rosario, Sergio, Josué y su servidora, salimos a un costado de la llegada del maratón, lo que resultó bastante complicado por la cantidad de gente en la calle, pero pude ver la llegada de mi amiga Alma a la meta de la mano de su hija. Hermosas.

Afortunadamente, saliendo del Centro Histórico ya nos estaban esperando de varias horas antes, amigos motociclistas de Con Ganas de Vivir, no sé qué hubiéramos hecho sin su ayuda. Gracias Carlos, Ulises,   Vicente. Ellos fueron nuestra escolta todo el tiempo, no importaba el cansancio de ir sobre una moto a muy baja velocidad durante horas, no importó la lluvia torrencial, para cerrar las calles para que pudiéramos pasar. Mil gracias.





 También como escolta y llevando agua y abastecimiento estaba por supuesto, el equipo de Con Ganas de Vivir en automóvil, iban reportando nuestro paso en las redes sociales y muy pendientes de que no nos sucediera nada. Alfonso Aguilar, Karla Fabián, Gabriela Mancilla, Fernando Ramírez Figueroa, Laura Soto y no podía faltar, Tequila, el perro más humano que conozco. 


Es de agradecer y reconocer que varias patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública nos fueron escoltando en nuestro paso por todo el recorrido, no sabían que era lo que estábamos haciendo, preguntaron nuestros datos personales y los remitimos con el Presidente de Con Ganas de Vivir que iba en el coche.

Ya terminado el maratón, sólo tenía pequeñas ampollas, me sentía muy bien, sin cansancio, comencé fuerte, llegando a la Calzada de Tlalpan, todo fue cambiando, ir por el carril donde para el transporte público no fue nada sencillo, y aunque tanto el automóvil como las motos nos iban escoltando perfectamente, el suelo estaba lleno de basura pequeñita, piedritas y se comenzaba a sentir caliente.

Ver a mi papá, hermanos y sobrina en distintas estaciones del metro que íbamos pasando me animaba bastante, además de la compañía, no podía sino seguir dando todo al 100 por ciento y más.




Verónica Olea, gran amiga y colaboradora en Con Ganas de Vivir se unió varias veces a correr con nosotros, sin embargo, todo el camino iba con los motociclistas ayudando a cerrar calles y gritando porras y palabras de ánimo. Gracias Vero!

Poco antes de llegar a Taxqueña, el dolor causado por un suelo caliente y unos pies más acostumbrados a andar calzados que descalzos fue insoportable, apenas se completaban 50km y tuve que ponerme los tenis que iba cargando. Literalmente se quemó la piel.

Seguimos adelante y encontramos a Carlos Alberto Lezama en su bicicleta, un gran corredor y atleta, reconoció a Josué y decidió acompañarnos por más de 15km. Algunos en bici, otros corriendo. Gracias por convidarme de tu agua, me sirvió muchísimo.


Llegamos a la zona de hospitales del Sur, pasamos frente al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, seguimos adelante hasta dar vuelta para tomar Insurgentes casi a la altura del Monumento al Caminero, en esa zona encontramos a Lula Ruvilou, y con ella la lluvia.

Lula iba a correr sólo 5 o 6 km, acabó corriendo el doble, prácticamente todos los km con lluvia los corrió ella. Un gran gusto compartir distancia con ella, ya después tuve la fortuna de conocerla y es una muy buena amiga. Gracias Lula!

Seguimos nuestro camino, ya estábamos frente a Parque Hundido, y la dicha era mucho más grande que el dolor que comenzaba a sentir nuevamente en los pies. Platicar con los compañeros de carrera, escuchar a Josué y Sergio con sus anécdotas y palabras de aliento, platicar con Carlos y Rosario a quienes no conocía, ver el esfuerzo de Lula, y la ayuda de extraños que se detenían en su coche a preguntar y dar ánimos y hasta Gatorade! Todo era genial!


Mejor aún cuando de repente veo a Viviana Círigo, una de mis mejores amigas, brinqué de alegría al verla, y más con el suero que me llevaba, bien sabías que me hacía falta. Ahí no comenzó su compañía, pues desde antes de iniciar el Maratón ella estaba muy pendiente de cómo nos iba. Nos siguió en su coche, relevando al de Con Ganas de Vivir que podría sufrir un exceso de calentamiento por tantas horas a tan baja velocidad. Te quiero con toda el alma amiga mía.

Por fin llegamos a Insurgentes y la calle de Bajío, donde dimos vuelta para el Centro Médico Nacional Siglo XXI que tan feos recuerdos me trae, y el Hospital General, mi velocidad era cada vez más lenta, y la tristeza se hizo presente, extrañaba la lluvia para el camuflaje. Sólo recuerdo que Josué se dió cuenta y me dijo, tu meta no es aquí, adelante.

Regresamos de nuevo a Insurgentes, ya me parecía que estaba abusando de mis amigos Carlos, Ulises, Vero y Vicente, tantas horas en la moto y yo sólo atinaba a decir Gracias en cada cruce.

Mis pensamientos volvieron a lo que me movió a hacer eso, 100km y aunque sólo aguanté 50km descalza, lo hice por algo. Ayudar a captar fondos para Con Ganas de Vivir y que sigan dando auxilio a pacientes con cáncer pero que no tienen recursos para afrontarlo. Iban más de 80km y mi mente me jugó chueco, sentía que era mucho esfuerzo para captar tan poquito, porque si quitábamos la aportación de una empresa, mis donativos no llegaban a los 1500 pesos. Pero, hasta dónde se mide el "mucho esfuerzo"? Simplemente, no me esforcé lo suficiente para captar fondos.

De vuelta al buen camino, los últimos km. fueron tortuosos, no me había percatado que un pie sangraba porque las ampollas habían reventado y la piel se estaba "pegando" al zapato, por lo que todo el dolor se reflejaba en que aguantaba cada vez menos pisar piedritas y los ruidos ambientales como los de los autos y hasta las porras, se comenzaron a volver casi insoportables.

Por más empeño que le puso Josué para que llegara sonriente a la meta no lo logré, ya iba llorando, contenta porque sabía que iba a llegar, pero de verdad el dolor era cruel. Sólo atinaba a pensar que un dolor así pero que no se quita pronto lo padecen muchos enfermos que no tienen acceso a una buena atención de salud, y por ellos estaba yo ahí.

Llegando a la meta frente al Hospital Juárez, sólo atiné a llorar, eso era lo único que quería, llorar, de felicidad y de dolor. Un momento para reincorporarme y sentirme mejor, dar las gracias por tan maravillosa experiencia y un abrazo a José Santamaría que al fin conocí (gracias a él llegué a Con Ganas de Vivir). Sólo un momento porque llegamos todos mojados y la lluvia insistía en acompañarnos por lo que tuvimos que despedirnos pronto.

YOLANDA DÍAZ MACÍAS, SONIA SÁNCHEZ ESCUER, JOSÉ SANTAMARÍA GRACIAS POR SU DONATIVO. FUERON PARTE DE ESE MOTOR QUE ME ANIMÓ EN ESTOS 100KM.

ANGEL MENDOZA Y FABIO MONTOYA. GRACIAS POR VALORAR LAS MEDALLAS GANADAS CORRIENDO DESCALZA PARA CON GANAS DE VIVIR, MÁS ALLÁ DE 42,195 METROS.

PAPÁ, HERMANOS, TÍOS, PRIMOS, GRACIAS POR SU APOYO CONSTANTE Y SU CARIÑO.

A tí que te tomas un ratito para leerme, mil gracias.






2 comentarios:

  1. Pues en horabuena luz de luna, excelente cronica y excelente hazaña has realizado, eres una campeona y gente como tu es la que hace falta para seguir teniendo "ganas de vivir", un abrazo y muchas felicidades!!!

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