domingo, 17 de julio de 2011

Una puesta de sol, la brisa del mar.

 
Hoy que tanto necesitaba un apapacho, abro una caja de recuerdos y encuentro esto. 
No lo transcribo todo porque hay partes muy mías.

Agosto del 2000.
Querida Hijita:
Precisamente hoy se me vienen a la mente un montón de recuerdos:
Son las 7:20 de la mañana, me dice el doctor, "va a ser el último intento, si no nace, inmediatamente después tendré que practicarle cesárea".
Una vez más todo estaba dispuesto y después de interminables horas, minutos y de un trabajo exhaustivo, preparándome para tu llegada, por fin, haces acto de presencia y con un llanto como diciéndome "yo también estoy cansada", parecías una muñequita descompuesta y llorabas como en pausas, y ese primer llanto tuyo que todavía está presente como si fuera hoy.
Por favor doctor, está bien, está completa? Y el doctor con esa paciencia que lo caracterizaba me respondió: "Es niña y todo está bien". 
Acaso mi niña, te puedes imaginar mi felicidad? Yo me veía envuelta en esa felicidad.
Ahora ya te convertiste en toda una mujercita, con muchas virtudes, sólo mencionaré las que a mi juicio son las más importantes: Orden y constancia. Con ellas cada día que pasa fortaleces tu voluntad y los logros que alcanzas son producto de ello y te pertenecen.

Hijita: 
Que Dios te bendiga,
que realices tus sueños,
que logres siempre lo que te propongas,
cuídate mucho, te quiero mucho.
Este recuerdo es como un regalo de tu mamá Luz Elena,
hagamos de cuenta que te estoy regalando una puesta de sol,
la brisa del mar, y mi amor como una realidad.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada