Como si se tratara de una ciencia o tal vez considerándola un arte, se han escrito muchos libros sobre la felicidad, que si los 10 pasos, la clave, el secreto, la llave, teorías simples o complicadas que de alguna manera sabemos todos: trabaja, estudia, come bien, piensa, duerme, conócete a ti mismo, ayuda a los demás, conoce la bondad y la maldad; valores éticos, morales o humanos.
Y con cuánta facilidad perdemos energía en señalar al que está mal, suponiendo que nosotros hacemos bien o mejor las cosas, porque somos participantes de alguna causa, ONG o prestamos un servicio desinteresado para los más necesitados, no alcanzamos a ver que ese tipo de críticas no sirve para nada ni para nadie, ni siquiera para nuestro ego pues lo confundimos en una nube de humo.
Realmente no creo que quien hoy donó sangre, o el que asistió como maestro sin salario en una zona de desastre, quien asiste a enfermos terminales en un hospital, o quien simplemente ayudó a cruzar la calle a un ciego, necesiten un reconocimiento o aplausos por ello. Creo que basta con el agradecimiento de las personas que recibieron el apoyo, eso da felicidad pues de alguna manera podemos sentirnos útiles a una persona o a la sociedad.
Ver a mi hijo crecer y poder ayudarle, me da felicidad; que el esfuerzo de mi trabajo se vea reflejado en algún resultado institucional, me da felicidad; poder ayudar en alguna situación a mis amigos, me da felicidad; prestar algún servicio en favor de alguien que no conozco pero lo necesita, me da felicidad; correr y hacerlo descalza, me hace feliz; ponerme retos nuevos cada que me siento en zona de confort, me asusta pero me hace feliz; ir al cine con mis hermanos, me hace feliz y por lo general me bota de la risa.
En fin, si analizo mi vida, lo que me causa felicidad son múltiples cosas; pero realmente, no son las situaciones las que la provocan, es el HACER las cosas lo que me da la felicidad.
Cuando un miedo me paraliza y no quiero hacer nada, no me atrevo a tomar el reto, ese es un momento infeliz, y es entonces cuando agradezco con toda el alma e infinitamente a mi familia y a mis amigos su presencia, porque me puedo apoyar en ellos, para dar ese paso que da miedo. Una vez que doy el primer paso, como en una carrera, doy los siguientes hasta llegar a la meta.
Siempre es momento de dar primeros pasos y no estacionarnos en la zona de confort, por eso te invito a ser feliz con cada acción en tu vida y contagiar a otros de tu felicidad.
Como siempre, agradezco a quienes son partícipes de que mi vida sea feliz.
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