Maratón de Monterrey 2010 (Parte 2)
Ahora sí, los 42195 metros de amor, pasión, alegría, dolor, o lo que es igual: VIDA y por supuesto, portando en mi playera el logo de Con Ganas de Vivir.
Como siempre llegando 20 minutos antes, sin zapatos y lista para comenzar a calentar. En cuanto sentí el piso de entrada al Parque Fundidora me dió miedo, como miles de piedritas, sólo atiné a pedirle a Dios que eso fuera lo más feo de la ruta.
El día anterior al pasar en automóvil por diferentes puntos de la ruta del maratón no noté la irregularidad del piso ya que la velocidad del auto hacía que se viera muy parejito por todos lados. No imaginaba la realidad a mis pies.
Me gusta salir al final, el ambiente es muy diferente que si me coloco en un bloque. Por lo general, en los bloques para determinado tiempo se encuentran quienes han corrido varios maratones y/o quienes tienen certeza de que su entrenamiento les permitirá cumplir con esos tiempos, hay un apoyo de equipos y amigos que buscan el mismo tiempo.
Hasta atrás es un ambiente algo distinto. Hay muchos que correrán su primer maratón pero que no pertenecen a algún equipo, también se siente más inseguridad de algunos para cumplir la meta, ya sea por alguna lesión o por poco entrenamiento, y están los que como yo, se motivan al ir rebasando. También es cierto que atrás hay más respeto de los corredores de unos a otros, ahí no me da miedo un pisotón. Además, puedo platicar y contestar preguntas de porqué corro descalza y cómo ayuda Con Ganas de Vivir a personas de escasos recursos que tienen cáncer a combatir su enfermedad.
Lo que es común en cualquier lado son los ánimos y ganas para atravesar ese arco de salida y dar todo lo que se tiene por llegar a la ansiada meta.
Inicia el maratón, me encomiendo a Dios, respiro y vámonos sintiendo esa energía, nervios, ánimos!
Los primeros 5km era casi imposible rebasar, muy cerrados los carrilles que dejaban a los corredores, el piso no se sentía tan mal pero como no lo conozco prefería guardar distancias y ver dónde pisaba el de enfrente, no es lo mismo con tenis que sin ellos.
En esta ocasión no llevaba nada de geles, gomitas o cosa por el estilo, parte por olvido y parte porque estaba segura que entre todas las personas que van a animar a los corredores se ofrecerían naranjas, plátanos, dulces, chocolates, etc. Casi nunca agarro nada de eso, ahora lo disfrutaría.
Ya por el kilómetro 7 encontré a Sofía Fedayina, no tenía el gusto de conocer a esta runnerperiodista y gran placer encontrarla corriendo un nuevo maratón, como me encanta platicar, encontré la excusa perfecta para apartar mi mente un momento de la carrera, pequeños minutos y a seguir adelante.
Cerca del kilómetro 10 encontré a Araiz y a Emilio con el pacer de 4 horas 15 minutos, un gran gusto conocer a Emilio Barragán, amante de los retos, ya probó correr descalzo algunos kilómetros y lo disfruta como yo.
El piso tenía breves kilómetros de comodidad y muchos más de desgaste, pero no imaginaba que habría zonas donde no encontraría sino piedritas como de grava por todos lados. Andando en tenis no significan mayor problema pero descalza fue un reto.
Pasaban las dos horas y llegaba al medio maratón, sólo atiné a respirar y a recordar la cara de mi madre cuando sentía que un problema la rebasaba, quedaba seria y decía "dalo todo" para después sonreír. Cuál fué mi sorpresa cuando veo que repartían sobres de geles energéticos! Contra mis pronósticos no habían muchos abastecimientos donde regalaran dulces o fruta, lo que me favoreció enormemente. Ánimos renovados.
Durante toda la carrera encontré a varios corredores de un equipo que no conocía más que por las redes sociales, Total Running, como son chilangos como yo, me sentía cobijada con su presencia, en especial de Oscar, con quien coincidí en muchos kilómetros.
Kilómetro tortuoso 30: Entre que el pavimento no era de lo mejor y la entrada a una zona de adoquín sin barrer, comencé a sufrir, mi cuerpo se ponía rígido a cada paso, olvidé que es mejor tratar de relajarse y sólo dejarse llevar. Pasaron Emilio y Araiz. No recuerdo mucho, sólo que comencé a llorar cuando las ampollas reventaron, me ofrecieron un Yakult y un dulce.
Hasta que un corredor se me acercó ofreciéndome burlonamente sus tenis, apreté con fuerza el sobre de agua que traía en la mano, lo negué con cortesía y respondió contento: "Eso esperaba". Hice todo lo que pude para recuperar un ritmo en la respiración, sentir mis piernas al compás del corazón y coordinar con los pulmones. Después de todo, el dolor que yo pudiera sentir durante poco más de 4 horas no era comparable con el de muchos enfermos de cáncer.
Me alcanzaron los que corrían con un tiempo de 4 horas 15 minutos, palabras de ánimo.
Últimos kilómetros en Parque Fundidora, casi lo había logrado y mi mente se logró dominar por el dolor una vez más, al ver que dentro de Fundidora se encontraba material de construcción esparcido por el suelo y no había modo de no pisarlo volví a llorar, breves minutos. El orgullo y la voluntad eran más fuertes, mi hijo me estaba esperando de la mano de mi hermano Alberto.
Otro maratón al que llego a la meta de la mano de mi hijo, el más doloroso físicamente, el de mayor reto mental. Un abrazo de Rubén Romero, las porras de Araiz, el sufrimiento era alegría, felicidad pura.
Segundo maratón descalza: Completado. Una experiencia maravillosa, mi corazón está muy agradecido con Dios, con la vida, con mi familia, con mis amigos y con tantas demostraciones de cariño.
Monterrey sintió mis pies descalzos y Con Ganas de Vivir, yo me llevo en el alma su afecto y la esperanza de mover más corazones a vivir la vida ...dándose a cada momento, ayudando y amando.

te leo y me dejas sin palabras....solo atino a mandarte un abrazo Luz.
ResponderSuprimirLuz, felicidades, si con tenis es un reto, descalza de verdad es admirable.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Todo mi respeto y admiración para ti, ojalá mucha gente volteé a ver a Con ganas de vivir y no solo a la corredora descalza...
ResponderSuprimirAbrazos correspondidos NS y iricardohr. Los quiero amigos míos.
ResponderSuprimirGracias Ishabelita: Ese es el objetivo, que no se mire sólo a la corredora descalza, sino al maravilloso trabajo que realiza Con Ganas de Vivir a diario y sin descanso para dar una mejor calidad de vida a enfermos con cáncer y sus familias.
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