Mamá Soltera
La "norma social" dice que naces en una familia con papá, mamá y a veces hermanos, creces y encontrarás al príncipe azul para formar otra familia de papá, mamá y hermanos. Algo lejos de mi realidad.
Nací en una familia "normal", fui la primera de tres hermanos, una clásica familia donde los dos padres trabajaban, aunque no veía que era mi mamá la que realmente mantuvo la casa hasta que los hijos fuimos adolescentes.
Octubre de 2005: Recuerdo perfecto que la relación de casi 11 años con mi novio de la escuela estaba cada vez más deteriorada, mi autoestima por los suelos, aunque ya tenía un trabajo estable que me había costado mucho obtener debido a mis actitudes derrotistas y depresivas.
Mi novio, comenzó con una inseguridad tremenda y llegó a creer que lo engañaba con todos los hombres de mi oficina, se tornó violento, y no con golpes, usaba sarcasmos, burlas. Yo enmedio de la nada, a pesar de que más de uno me decía Ya Basta!
Lo pensaba, justificaba, daba mil excusas, y en esas estaba cuando un día estando solos, él dijo: Ahora sí vas a sentir lo que es hacer el amor. Ese día procreamos a Angel. Me quedé con el miedo y "no pasa nada", cómo, si me quiere; no hice nada.
Diciembre de 2005: Hasta este mes, comencé a notar que mi período no aparecía, me cansaba mucho de todo, fue entonces que compré una prueba de embarazo y le dije a él que estaba embarazada. Fuimos al médico, quien lo confirmó y revisó que todo estuviera bien, yo estaba deseosa de que me dijera que no se podía lograr, que había algo mal y lo tendría que interrumpir. Tenía pánico de ser mamá.
Consideré el aborto, se lo dije a mi "novio" quien estaba en contra, se enojó muchísimo y me aventó contra la pared, a partir de ese momento decidí alejarme de él, busqué ayuda de una terapeuta que me habían recomendado.
2006: Después de analizarlo una y mil veces, concluí que no podría vivir con un aborto en mi conciencia. A partir de ese momento, comencé a cuidarme, me angustiaba que pudiera tener una malformación por no haberme cuidado, trataba de estar contenta para que no sintiera negatividad, seguí todas las indicaciones médicas, mi comida era casera todos los días, muy estricta y sin satisfacer antojos que no estuvieran prescritos por el doctor.
Mi familia me apoyó mucho, aunque en un principio me echaron en cara el embarazo, después apoyaron todo el proceso, mi mamá me cocinaba de vez en cuando y al final casi diario, mis hermanos preguntaban cómo estaba todos los días, mi papá igual.
Afortunadamente en mi trabajo tenía seguro de gastos médicos mayores y acudí a buenos médicos, durante el embarazo, el padre de mi hijo estuvo al tanto y me acompañó a la mayoría de las consultas médicas, pagando la mitad de los gastos, a veces más. En ese momento yo ganaba 7,500 pesos al mes.
Por fin, el 23 de julio de 2006, nace mi hijo Angel Augusto, fue indescriptible la emoción después de 15 horas de trabajo de parto, estuve sola, no dejaron entrar al final a mi madre, por un lado me hizo falta, por otro, pude mentar madres sin sentirme cohibida.
El papá de mi hijo pagó el coaseguro y deducible que correspondían al niño, los gastos míos yo los cubrí.
Poco tiempo después me pidió por segunda ocasión, (ya lo había hecho cuando me decidí a tener a mi hijo), casarme con él, a lo que no accedí, me imaginaba encerrada en la casa de sus papás, aguantando malos tratos y majaderías. Sin embargo, lo dejé estar cerca de su hijo. Esto significaba que fuera todos los fines de semana a mi casa a estar con él y que mi familia se enojara.
En los primeros dos años, el papá cubrió gran parte de los gastos como pañales, leche y visitas al médico, aunque aún así había ocasiones en que me quedaba sin comer para cubrir alguna necesidad inmediata de mi hijo.
Poco a poco fue aportando menos ya que dejó los pañales y comenzó a comer más que leche. A veces traía muchas cosas de despensa, a veces nada.
No le reclamaba pues conseguí un mejor empleo y podía absorber los gastos sin mayor problema. No tenía ni tengo ganas de ir a un juzgado, me da tremenda flojera, aunque ya lo comienzo a considerar necesario.
Hace casi un año, el papá de mi hijo se quedó sin trabajo y hasta la fecha está desempleado, por lo que no aporta nada, sólo de vez en cuando se lleva 3 o 4 días a nuestro hijo.
En estos cuatro años, he visto lo difícil que es ser mamá soltera.
En una ocasión, durante la Semana Santa, salí con carreola a visitar Iglesias, que por lo común tienen escaleras; en la mayoría de los casos, la ayuda para bajar o subir la carreola con mi hijo, la recibí de mujeres, mas no de los hombres que las acompañaban.
Solicité la VISA a Estados Unidos para visitar a mi abuela, y la respuesta en la Embajada fue que no tengo bienes de valor, mi trabajo no paga mucho y además, soy madre soltera.
Pedí trabajo en diferentes lugares, y en entrevistas preguntaban si era soltera o casada, por supuesto, mencionaba que soy soltera, pero después, hacían alusión a la familia y yo aclaraba que tengo un hijo; eso significa para ellos una familia disfuncional, lo que me resta neuronas y por ende descalifica para un trabajo.
El mismo jefe que yo tenía en ese entonces, al regresar de la incapacidad por maternidad, ponía mi trabajo en duda, me congeló y me quitó de las actividades que yo realizaba. Después, cuando nuevamente fuimos amigos, me confesó que no entendía porqué no me podía correr si yo había tenido un hijo sin pedir su autorización, lo que significaba que me ausentaría de las labores.
Actualmente me veo obligada a llevar a mi hijo por las tardes al trabajo, ya que mi mamá lo cuidaba y ella falleció hace un mes. El verlo ahí de 5 de la tarde a 9 de la noche, me ha llevado a ser de la Licenciada a simplemente Luz.
Mi trabajo es el que habla por mi, me ha costado el que sea valorado, se ha puesto en duda y nuevamente aceptado.
A mi alrededor, veo a otras mamás que como yo luchamos para ser tomadas en cuenta profesionalmente, unas con más éxito que yo, y otras que parece que la vida está de espaldas a ellas.
Gracias por leerme.
Luz Elena.
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