jueves, 27 de mayo de 2010

EL SENTIMIENTO DE CULPA
"Quien se siente culpable es sumamente manipulable" Martha A. Chávez

Quién no ha experimentado el sentimiento de culpa alguna vez en su vida? Cometiste una falta, un pecado, un delito, luego entonces, puedes sentirte acreedor a un castigo. El sentimiento de culpabilidad es diferente a la culpabilidad impuesta por el derecho penal o civil las cuales imponen una responsabilidad ante actos u omisiones cometidos, teniendo que ser hechos juzgados ante autoridad del Estado.

No intentaré dar una explicación científica, para eso están los profesionales, simplemente es una compilación de experiencias, con toques de lecturas y muchas visitas a terapeutas y psicólogos.

Este sentimiento es una emoción negativa, desagradable, intrínseco a la moralidad y ética personal, es decir, una persona puede ser muy severa, crítica y castigadora consigo misma, hasta la enfermedad mental, o ser de moralidad tan relajada que cometa transgresiones en contra de los demás y no manifieste sentimiento alguno.

El temperamento de cada uno también influyen en cómo se siente la culpa, aunado a la educación que se recibe. Fui educada en una familia católica mexicana, la primera, se esperaba un niño y nació una niña. Desde ahí comenzó la culpabilidad, aunque no había nada al alcance mío o de cualquiera para que fuera de otra forma.

Posteriormente, entre los 5 y 6 años, ya con la existencia de mis dos hermanos menores, este sentimiento se hizo colectivo, con enseñanzas como "pórtate bien o Dios te va a castigar", "si te portas mal ya no te voy a querer", "si no haces lo que te pido, tu abuelita no se va a aliviar",  "qué no te da vergüenza lo que hiciste?", etc.

La responsabilidad de mis acciones ante acontecimientos que afectaban a terceros iba en aumento, y eso traía consigo una enorme carga de estrés. Derivó en una bajísima autoestima, por lo que no era merecedora de amor de los demás, si acaso compasión por una pobre tonta que no sabe hacer bien las cosas y hace sufrir a los demás.

Esta situación se hizo crónica, constante, sin que surgiera algún tipo de crisis, simplemente vivía sintiéndome culpable por cualquier cosa, aún cuando escapara a mis capacidades, a mi esfera de acción; por ejemplo, si llovía y se mojaba la ropa, me sentía culpable de no haber previsto esa situación. Absurdo pero cuando se está dentro de ese sentimiento no se ve más allá.

El que mis padres pelearan, o no hubiera suficientes recursos en casa, también me hacía sentir culpable, al grado de creer que no merecía lo que tenía y comencé a dormir sin colchón en la cama, justificándolo como "saludable", después a no querer comer, con tal de no generar un gasto, o comer lo que sabía era barato. Entre tanto estrés hubo una temporada que si no sacaba 10 en todas las materias, lo relacionaba con la mala economía de la casa, me dió por arrancarme los cabellos uno a uno, hasta que la calvicie fue notoria. Tenía 11 años.

Entre estos sentimientos, incluyendo un abuso sexual, que nadie creyó, continuaron avanzando los años, no comprendía que la culpabilidad era autogenerada, que yo valía por mi sola existencia, sin que nadie o nada avalara ese "valor".

Es curioso, este sentimiento autodestructivo va ligado a otro llamado "soberbia" "falso orgullo", que ciega. Por un lado, la auto flagelación con penas autoimpuestas, por otro lado, ante los demás, la apariencia de que todo está bajo control, y no sólo eso, me creía superior a los demás, todos eran tontos porque no veían sus limitaciones como yo las veía, no sentían culpa, porque su estupidez no los dejaba, eran felices por tontos.

No es fácil darse cuenta de la realidad, asistí a muchos cursos de superación personal, terapias de grupo, familiares, retiros espirituales incluso, pero fue hasta que me enteré que iba a traer al mundo a un ser humano, que comenzaron a caer los veintes...

Una terapeuta, bastante fuera de lo común, dura en sus comentarios que eran pocos, encontró la manera de sacudirme, dió en el punto exacto para tirar el muro que había construido, para que a mi manera, a mi ritmo, fuera quitando barreras, tabúes, falsos orgullos, logró que doblegara mi soberbia y me sintiera tan común como cualquiera, con derecho a estar triste, feliz, o como me diera la regalada gana, sin que nadie ni nada validara mi comportamiento. Y por supuesto, considerando que cualquier acción tendría una reacción, misma que con conocimiento de causa debería ser aceptada, sin culpa, ya fuera un resultado positivo o negativo.

De tí depende el resto de tu vida, escribe lo que hiciste y no te gusta, no involucres acciones de otros, sólo las tuyas; después escribe qué es lo que quieres hacer y cómo te gustaría lograrlo. Afínalo, detállalo por el resto de tu vida.

Recuerda que vives en una sociedad y de tí depende sacar lo mejor de ella, ser feliz es una actitud y no puede ser eterna. Eran palabras que ya sabía, me las habían dicho, las había leído, pero por alguna razón, hasta entonces tuvieron sentido.

A partir de esos momentos, comencé a madurar...








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