martes, 6 de octubre de 2009

SOBREENTRENAMIENTO

Todo empezó con cansancio...
De un día a otro me sentí sin fuerza durante el entrenamiento, el rendimiento comenzaba a bajar; después le siguió el aburrimiento, acompañado de gran stress en el trabajo y falta de sueño tomando grandes cantidades de café (hasta dos litros al día)

Creí que era un simple agotamiento por un entrenamiento muy duro acompañado de altas dosis de stress, sin embargo, el cansancio no parecía mejorar; al contrario, se hacía crónico, la capacidad de mi cuerpo para recuperarse era más y más lenta, hasta sentirme débil, enferma y vencida.

No se alivió con el descanso de unos días, me dió mucho coraje pues lo confundí con pereza para levantarme temprano y con excusas o pretextos ya que no había un síntoma físico claro a excepción de pulsaciones muy rápidas en reposo y agotamiento acompañado de dolor muscular al menor esfuerzo. Comencé una etapa de ansiedad durmiendo muy poco, comiendo mal y sintiendo el estómago distendido la mayor parte del día.

En cuanto al aspecto anímico, tuve una grave falta de motivación, no me interesaba leer nada respecto a carreras y estaba de mal humor la mayor parte del tiempo, evitaba platicar cualquier cosa que tocara el tema de correr.

No pasaba por mi mente la palabra SOBREENTRENAMIENTO...
Cuando el cuerpo humano llega a esta situación, los músculos se vuelven incapaces de desarrollarse adecuadamente, no hay recuperación a nivel muscular ni energético, lo que conlleva a posibles lesiones por tratar de forzarlo a algo que, por el momento resulta imposible. De hecho, derivado de esta condición arrastro una lesión en ligamentos y tendones en el pie derecho.


No entendía como era posible que cuando sentía que los entrenamientos iban mejor que nunca, aumentando en intensidad y desarrollándolos bien; de repente, el rendimiento prácticamente desapareciera, como si fueran los primeros ensayos para correr de mi vida.

Había rebasado la barrera del exceso de trabajo.Entré a un círculo vicioso de ansiedad y depresión, no podía dormir adecuadamente, bueno, de por sí no duermo mucho, y en esta situación mucho menos, no descansaba lo necesario y por lo tanto mi cuerpo tardaba demasiado en recuperarse.

Era evidente para los demás que ya me estaba aburriendo de salir a correr, que estaba notoriamente cansada, desgastada, preocupada de las circunstancias laborales y familiares, mal comía, mal dormía, me estresaba demasiado una competencia, tomaba demasiado café y analgésicos. Por lo mismo, cuando salía a correr me exigía demasiado y terminaba frustrada de no lograr el objetivo... en fin...

Ahora, el cómo salí de esto:
DISCIPLINA, no hay más. Hasta para divertirse se requiere planificación, constancia y disciplina.

Bajé considerablemente el consumo de café y aumenté el agua, fui a visitar al médico y seguí sus instrucciones inmediatas, (aunque debería estar asistiendo a terapias y no he ido), dejé de comer cuanta comida chatarra se me presentaba debido a las presiones laborales que no me permitían salir a comer como se debe y opté por preparar más seguido mi comida para llevar a la oficina, pero lo principal, y se escucha extraño, DESCANSÉ. Es muy cierto el dicho de que hay un tiempo para todo, y no me estaba dando el tiempo de descansar, ni mental ni físicamente.

No es sencillo el reorganizarse, y menos cuando se tiene un hijo que demanda mucho tiempo y siempre será prioritario sobre cualquier otra cosa, pero se puede, y de alguna manera ésto le servirá de ejemplo.

Todo el cuerpo estaba resentido por el cansancio del sobreentrenamiento, incluso los brazos, la cabeza, partes que no participan mucho en el correr, se sentían cansados, adoloridos, como si se hubiera corrido un maratón cada semana. Es algo parecido a estar intoxicado, no se había asimilado el trabajo muscular y ahora existía abundante ácido láctico, carbónico, y demás sustancias nocivas que produce el organismo cuando entrena, circulando por el torrente sanguíneo, sin encontrar el cómo ser desechadas.

Cuando estás fuera de balance en el ritmo de vida, más ejercicio no es mejor que menos. El ejercicio lesiona en pequeño a los músculos y necesitan autorrepararse, lo que los hace crecer y fortalecerse, se requiere el reposo, de lo contrario habrá una acumulación de daños y se irán debilitando poco a poco, y vas directo a la autodestrucción.

La meditación, oración, yoga y cualquier tipo de trabajo mental e introspectivo se convierte en indispensable. Si el ejercicio físico es de gran ayuda para tener una vida completa y sana, el ejercitar la mente y aprender a relajarse es igual de importante. De esta manera, el trabajo físico siempre tendrá un sentido y se continuará el progreso, habrá un motivo. La motivación está en nuestra mente, y si tanto el cuerpo como la mente están agotados y extenuados, se pierde la motivación.

Debemos escuchar la voz de nuestro cuerpo, un día de descanso puede hacer la diferencia cuando estamos llegando a nuestros límites, no nos perjudicará y el organismo estará mejor preparado para el próximo entrenamiento. Si el sobreentrenamiento se vuelve crónico, tendremos como resultado lesiones por exceso de uso de articulaciones, músculos o tendones, perderemos masa muscular y estaremos deprimidos. La recuperación no será de un día a otro, puede tardar semanas o meses, si es que se tuvieron lesiones de largo tiempo de rehabilitación.

La línea divisoria entre un entrenamiento beneficioso y uno destructivo es muy fina, yo la descubrí cayendo en equívocos, estresándome cuando no salía a correr y tratando de hacerlo más intenso al día siguiente, no durmiendo bien, no comiendo bien, en resumen todos los errores.